Muy rescatable la producción, la edición y parte de la animación. La historia no pierde su oficialidad.
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sábado, 2 de octubre de 2010
domingo, 12 de septiembre de 2010
Hidalgo es excomulgado por rebelde, hereje y por haber iniciado la lucha de independencia
24 de Septiembre de 1810
Abad y Queipo, obispo electo de Michoacán, excomulga a Hidalgo por rebelde, hereje y por haber iniciado la lucha de independencia.
“Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, en dondequiera que esté, en la casa o en el campo, en el camino o en las veredas, en los bosques o en el agua, y aún en la iglesia. Que sea maldito en la vida o en la muerte, en el comer o en el beber; en el ayuno o en la sed, en el dormir, en la vigilia y andando, estando de pie o sentado; estando acostado o andando, mingiendo o cantando, y en toda sangría. Que sea maldito en su pelo, que sea maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes; en su frente y en sus oídos, en sus cejas y en sus mejillas, en sus quijadas y en sus narices, en sus dientes anteriores y en sus molares, en sus labios y en su garganta, en sus hombros y en sus muñecas, en sus brazos, en sus manos y en sus dedos. Que sea condenado en su boca, en su pecho y en su corazón y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas y en sus muslos, en sus caderas, en sus rodillas, en sus piernas, pies y en las uñas de sus pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo, desde arriba de su cabeza hasta la planta de su pie; que no haya nada bueno en él. Que el hijo del Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga. Y que el cielo, con todos los poderes que en él se mueven, se levanten contra él”.
Meses más tarde, Hidalgo, ya en prisión, será degradado del sacerdocio –para poder ser enjuiciado como reo común y poder aplicarle la pena capital- el 29 de julio de 1811 en una de las salas del Hospital Real de Chihuahua. Además de la pena en sí misma, era una gran injuria a sus sentimientos religiosos -por demás humillante-, y le será raspada la piel de la cabeza, le arrancarán la yema de los pulgares e índices de las manos que habían sido consagradas el día de la ordenación. Hecho esto, será entregado a las autoridades civiles y militares del gobierno español para que sea fusilado sin alguna prerrogativa o beneficio eclesiásticos, que amparan a cualquier reo.
| MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO. |
domingo, 25 de julio de 2010
OBREGÓN, ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE
Después de la Batalla de Celaya se abrió un paréntesis. Las tropas de Villa y Obregón reorganizaron sus fuerzas, muy pronto volverían a encontrarse para la batalla decisiva. Antes de que esto ocurriera un ataque imprevisto en los linderos de la hacienda Santa Ana del Conde estuvo a punto de cambiar la historia: una granada lanzada por villistas alcanzó a Obregón y sus más cercanos colaboradores. El general perdió el brazo. Erróneamente Obregón ha sido llamado el "manco de Celaya", confundiendo el lugar y la fecha en que fue herido.
Entre el 6 y el 15 de Abril de 1915 una fracción de la División del Norte, mandada personalmente por Pancho Villa, fue derrotada en Celaya por el Ejercito de Operaciones del general Álvaro Obregón. A pesar de la derrota, el Centauro del Norte logró replegarse en orden hasta León, donde reorganizó su ejército y reconcentró sus fuerzas. Canceló la ofensiva contra Tampico y el Noroeste, hacia donde el villismo dirigía sus esfuerzos principales y dejó en manos de los carrancistas el teatro de operaciones de Jalisco.Por supuesto, el general Obregón reforzó su ejército con tropas de Jalisco, Michoacán, Veracruz y otros lugares, y los famosos "Batallones Rojos" de Orizaba, Puebla y la Ciudad de México, hasta sumar cerca de 30 000 hombres, con los que ocupó la Estación Trinidad, entre Silao y León, en torno a la cual formó un inmenso cuadro defensivo para resistir el ataque del grueso del mejor ejército -hasta entonces- de la Revolución, la División del Norte, en la que sería la batalla más grande y sangrienta de la historia de México.
Con los movimientos realizados por las infanterías de Obregón para ocupar las posiciones designadas, inició el 29 de Abril de 1915 la batalla de Trinidad y Santa Ana del Conde.
Entre el 29 de Abril y el 31 de Mayo hubo una serie de combates parciales en los que ambos ejércitos se movían con extremada cautela buscando que el enemigo se gastara y mostrara un punto débil sobre el cual golpear con decisión. Finalmente el 1 de Junio empezó a romperse el equilibrio, cuando Pancho Villa concibió una audaz maniobra envolvente con la que intentó forzar el fin de la batalla. El 2 de Junio el ejército de Obregón quedó rodeado por los villistas y aunque algunos generales, sobre todo Francisco Murguía, insistían en tomar la contraofensiva de inmediato, Obregón se negó, esperando para hacerlo a que el enemigo agotara su empuje y debilitara sus líneas.
El día 3 de Junio, Obregón, acompañado del General Manuel M. Diéguez y de los oficiales de su Estado Mayor (Francisco Serrano, Aarón Sáenz, Jesús M. Garza y otros), visitó las posiciones de Murguía, fortificado frente al enemigo en la hacienda de Santa Ana del Conde. En el campanario de la hacienda, el general Obregón explicó al bravo e impaciente Murguía el plan de contraataque que empezaría al día siguiente consistente en una ofensiva emprendida por rumbos opuestos, combinada con un ataque a la retaguardia villista efectuado por las tropas que Fortunato Maycottte y Joaquín Amaro tenían en Irapuato.
Una vez ajustado el plan para la acción del día siguiente ( que los hechos inmediatos obligaron posponer para el día 5), Obregón, con los oficiales de su Estado Mayor, avanzó hacia la línea del frente.
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