martes, 3 de agosto de 2010

La célebre “Güera” Rodríguez

"Debemos imaginar aquellas tertulias de la casa de la calle de los Plateros, donde la "Güera Rodríguez" hacía gala de la etiqueta más pulida para recibir y agasajar a sus invitados que, poco a poco, se extasiaban... "

María Ignacia Xaviera Rafaela Agustina Feliciana Rodríguez de Velasco Osorio Barba Jiménez Bello de Pereyra Fernández de Córdoba Salas Solano y Garfias (1778-1851) tenía veinticinco años cuando visita México el ilustre investigador Alexander Von Humboldt (1769-1859), quien ha programado un amplio recorrido para conocer la fauna, la flora y los minerales de estas tierras. En especial se interesa por el cultivo de la cochinilla, aquel gusanito grisáceo que se desarrolla en las pencas del nopal y que se utiliza seco para colorear alimentos.
La amorosa joven cautiva con su plática, con su gracia y simpatía. Debemos imaginar aquellas tertulias de la casa de la calle de los Plateros, donde la "Güera Rodríguez" hacía gala de extravagante hospitalidad para recibir y atender a sus invitados que se extasiaban con el caudal de cultura que emanaba de sus labios, con la inteligencia de sus respuestas sinceras a través de una mirada serena y alegre. La caída de sus bucles dorados, realzaban aquellos inolvidables ojos azules que destacaban ante la delicadeza de las facciones de su rostro. Era tan bella que alguna vez sirvió de modelo para esculpir y pintar a la misma Virgen María.
En una coqueta mesilla, cuyo mantel cae formando olanes de finísimo encaje de Brujas, ofrece el té, ahora tan de moda en la sociedad mexicana y, desde luego, el tradicional chocolate espumado de tres tantos. Entre sorbo y sorbo de las delgadas tazas de porcelana, degustan galletas de nata, enrejados de chocolate, huesitos de manteca, besos de merengue, polvorones de almendra y tortaditas de Santa Clara.
Después, brinda con ratafía quiditativa o elixir de los Dioses, o con aquellas otras pócimas celestiales que guardan las limpias botellas de cristal cortado como la crema de perfecto amor, hecha con destilados de violetas; la crema de Venus, donde la vainilla se mezcla con claveles, clavo, canela y naranja; el aguardiente de andaya, hecha con raíz de lirio de Florencia y cáscaras de naranja, los licores de damiana, el destilado de rosas, el espíritu de anís, los caldos de frutas o espíritus de aromas delicados como los de guayaba, moras o membrillos.

domingo, 25 de julio de 2010

OBREGÓN, ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE




Después de la Batalla de Celaya se abrió un paréntesis. Las tropas de Villa y Obregón reorganizaron sus fuerzas, muy pronto volverían a encontrarse para la batalla decisiva. Antes de que esto ocurriera un ataque imprevisto en los linderos de la hacienda Santa Ana del Conde estuvo a punto de cambiar la historia: una granada lanzada por villistas alcanzó a Obregón y sus más cercanos colaboradores. El general perdió el brazo. Erróneamente Obregón ha sido llamado el "manco de Celaya", confundiendo el lugar y la fecha en que fue herido.
 Entre el 6 y el 15 de Abril de 1915 una fracción de la División del Norte, mandada personalmente por Pancho Villa, fue derrotada en Celaya por el Ejercito de Operaciones del general Álvaro Obregón. A pesar de la derrota, el Centauro del Norte logró replegarse en orden hasta León, donde reorganizó su ejército y reconcentró sus fuerzas. Canceló la ofensiva contra Tampico y el Noroeste, hacia donde el villismo dirigía sus esfuerzos principales y dejó en manos de los carrancistas el teatro de operaciones de Jalisco.

Por supuesto, el general Obregón reforzó su ejército con tropas de Jalisco, Michoacán, Veracruz  y otros lugares, y los famosos "Batallones Rojos" de Orizaba, Puebla y la Ciudad de México, hasta sumar cerca de 30 000 hombres, con los que ocupó la Estación Trinidad, entre Silao y León, en torno a la cual formó un inmenso cuadro defensivo para resistir el ataque del grueso del mejor ejército -hasta entonces- de la Revolución, la División del Norte, en la que sería la batalla más grande y sangrienta de la historia de México.

Con los movimientos realizados por las infanterías de Obregón para ocupar las posiciones designadas, inició el 29 de Abril de 1915 la batalla de Trinidad y Santa Ana del Conde.

Entre el 29 de Abril y el 31 de Mayo hubo una serie de combates parciales en los que ambos ejércitos se movían con extremada cautela buscando que el enemigo se gastara y mostrara un punto débil sobre el cual golpear con decisión. Finalmente el 1 de Junio empezó a romperse el equilibrio, cuando Pancho Villa concibió una audaz maniobra envolvente con la que intentó forzar el fin de la batalla. El 2 de Junio el ejército de Obregón quedó rodeado por los villistas y aunque algunos generales, sobre todo Francisco Murguía, insistían en tomar la contraofensiva de inmediato, Obregón se negó, esperando para hacerlo a que el enemigo agotara su empuje y debilitara sus líneas.

El día 3 de Junio, Obregón, acompañado del General Manuel M. Diéguez y de los oficiales de su Estado Mayor (Francisco Serrano, Aarón Sáenz, Jesús M. Garza y otros), visitó las posiciones de Murguía, fortificado frente al enemigo en la hacienda de Santa Ana del Conde. En el campanario de la hacienda, el general Obregón explicó al bravo e impaciente Murguía el plan de contraataque que empezaría al día siguiente consistente en una ofensiva emprendida por rumbos opuestos, combinada con un ataque a la retaguardia villista efectuado por las tropas que Fortunato Maycottte y Joaquín Amaro tenían en Irapuato.

Una vez ajustado el plan para la acción del día siguiente ( que los hechos inmediatos obligaron posponer para el día 5), Obregón, con los oficiales de su Estado Mayor, avanzó hacia la línea del frente.

viernes, 23 de julio de 2010

De los soberbios templos de México

Historia Natural y Moral de las Indias
P. Joseph de Acosta
Fondo de Cultura Económica de México
Serie Crónistas de Indias



CAPÍTULO 13

De los soberbios templos de México


Pero sin comparación fué mayor la superstición de los mexicanos, así en sus ceremonias como en la grandeza de sus templos,que antiguamente llamaban los españoles el cu, y debió ser vocablo tomado de los isleños de Santo Domingo o de Cuba, como otros muchos que se usan, y no se usan, y no son ni de España ni de otra lengua que hoy se use en Indias , como son maíz, chicha, vaquiano, chapetón y otros tales. Había pues en México el cu, tan famoso templo de Viziliputzli, que tenía una cerca muy grande, y formaba dentro de sí un hermoso patio; toda ella era grabada de piedras grandes a manera de culebras asidas las unas a las otras, y por eso se llamaba esta cerca coatepantli, que quiere decir cerca de culebras. Tenían las cumbres de las cámaras y oratorios donde los ídolos estaban, un pretil muy galano labradocon piedras menudas, negras como azabache, puestas con mucho orden y concierto, revocado todo el campo de blanco y colorado, que desde abajo lucía mucho. Encima de este pretil había unas almenas muy galanas, labradas como caracoles; tenía por remate  de los estribos, dos indios de piedra, asentados, con unos candeleros en las manos, y de ellos salían, unas como mangas de cruz, con remates de ricas plumas amarillas y verdes, y unos rapazajos largos de lo mismo. Por dentro de la cerca de este patio había muhos aposentos de religiosos, y otros en lo alto, para sacerdotes y papas, que así llamaban a los supremos sacerdotes que servían al ídolo. Era este patio tan grande y espacioso, que se juntaban a danzar o bailar en él, en rueda, alderredor, como lo usaban en aquel reino, sin estorbo ninguno, ocho o diez mil hombres, que parece cosa increíble. Tenía cuatro puertas o entradas, a Oriente y Poniente, y Norte y Mediodía; de cada puerta de estas principiaba una calzada muy hermosa de dos y tres leguas, y así había en medio de la laguna, donde estaba fundada la ciudad de México, cuatro calzadas en cruz, muy anchas, que la hermoseaban mucho. Estaban en estas portadas cuatro dioses o ídolos, los rostros vueltos a las mismas partes de las calzadas. Frontero de la puerta de este templo de Vitzilipuztli había treinta gradas de treinta brazos de largo, que las dividía una calle que estaba entre la cerca del patio y ellas. En lo alto de las gradas había un pasadero de treinta pies de ancho, todo encalado; en medio de este pasadero, una palizada bien labrada de árboles muy altos puestos en hilera, una braza uno de otro; estos maderos eran muy gruesos, y estaban todos barrenados con unos agujeros pequeños; desde abajo hasta la cumbre, venían por los agujeros de u madero a otro unas varas delgadas, en las cuales estaban ensartadas muchas calaveras de hombres, por las sienes; tenía cada una veinte cabezas.

jueves, 22 de julio de 2010

De la Excomunión de Hidalgo



SOCIEDAD COLIMENSE DE ESTUDIOS HISTÓRICOS A. C.


INSTITUCIÓN CULTURAL NO LUCRATIVA DEDICADA AL RESCATE, PRESERVACIÓN Y DIFUSIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA COLIMENSE.



De la Excomunión de Hidalgo

CULTURALIA

NOÉ GUERRA PIMENTEL

Como curiosidad, ahora que el clero católico anda buscando meterse en la organización de los actos conmemorativos de la Independencia y de la Revolución, creo que vale rememorar aquel acto con el que un hombre de esa misma grey fue excomulgado, después de prevenido con esta encíclica –lenguaje, tal cual- que funda las razones: “NOS. LOS INQUISIDORES APOSTÓLICOS CONTRA LA HERÉTICA, Pravedad y Apostasía, en la Ciudad de México, Estados y Provincias de esta Nueva España, Guatemala, Nicaragua, Islas Filipinas, sus Distritos y Jurisdicciones, por Autoridad Apostólica, Real y Ordinaria, etc., A vos, Br. Don Miguel Hidalgo y Costilla, Cura de la Congregación de Los Dolores en el Obispado de Michoacán, titulado Capitán General en el Ejército de los Insurgentes. Sabed que ante nos pareció el Señor Inquisidor Fiscal de este Santo Oficio e hizo presentación en forma de proceso, que tuvo principio en el año 1800 y fue continuado a su instancia el de 1809, del que resultó comprobado contra vos, el delito de herejía y apostasía de nuestra Santa Fé Católica, y que soís un hombre sedicioso, cismático, y herege formal por las doce proposiciones que habéis proferido y procurado enseñar a otros, han sido la regla constante de vuestras conversaciones y conducta, y son las siguientes:

domingo, 18 de julio de 2010

Agustín de Iturbide. Efemérides

19 de Julio de 1824 Murió Agustín de Iturbide, político y militar mexicano. Iturbide fue uno de los militares que combatió como realista contra los Insurgentes, en particular Morelos. En el marco de la etapa de consumación, Iturbide pactó con Vicente Guerrero elPlan de Iguala. Fue fusilado en Padilla (Tamaulipas). Sus últimas palabras fueron: "Mexicanos, ¡muero gustoso porque muero entre vosotros!". Sus restos fueron enterrados en Padilla, hasta que en 1838, bajo la presidencia de Anastasio Bustamante, se trasladaron a la ciudad de México y se inhumaron con honores en la Capilla de San Felipe de Jesús en la Catedral Metropolitana, donde permanecen hasta ahora, exhibidas en una urna de cristal.

Recientemente el Cardenal Sandoval dijo de él:

“Su muerte es un pecado nacional que todos los mexicanos llevamos como una herida oculta en nuestra conciencia histórica, pecado del cual la minoría que ha gobernado a nuestro pueblo no parece haberse arrepentido todavía, pues se ha negado de manera contumaz a reconocerle como el ‘Consumador de la Independencia’ y a darle el lugar que merece en nuestra historia nacional”




Álvaro Obregón

La historia de México del siglo XIX y buena parte del siglo XX no se explica si no es a partir del papel jugado por la masonería en la vida política y social mexicana. Las pugnas posteriores al periodo independentista no fueron otra cosa más que la lucha de poder entre dos bandos muy definidos: el rito yorkino y el rito escocés, emanados ambos del movimiento masónico.

Esta lucha llevó, entre otras cosas, a la constante deposición de gobernantes mexicanos y a la inestabilidad política característica de ese periodo. Esa pugna –que posteriormente habremos de analizar– llevó a enfrentamientos militares, facilitó la invasión de ejércitos extranjeros, entre otras cosas.

Pues bien, en ese grupo político-ideológico se formó Álvaro Obregón. Nació en Guaymas, Sonora, en 1877, justo cuando Porfirio Díaz asumió el poder presidencial. Entonces, el país estaba sumido en un estado de inestabilidad y conflicto político por la sucesión presidencial que derrocó a Sebastián Lerdo de Tejada. Llegó Porfirio Díaz a la presidencia y ahí se mantuvo durante 30 años, mismos que correspondieron al crecimiento de Obregón.

Álvaro Obregón fue un militar muy capaz. Sirvió a Francisco I. Madero y combatió el régimen de Porfirio Díaz, por lo que contribuyó a su debilitamiento y caída. Posteriormente se hizo leal de Venustiano Carranza y peleó a su lado contra Victoriano Huerta, Emiliano Zapata y Francisco Villa, luego de la Convención de Aguascalientes. Con su poderío militar venció a Francisco Villa en la Batalla de Celaya.

Luego de participar en la redacción de la Constitución de 1917 y de colaborar en la consolidación del nuevo régimen, se integró como funcionario en el gobierno de Carranza, al que renunció casi de forma inmediata. Posteriormente se enfrentó al propio Carranza cuando éste buscaba definir la sucesión presidencial.

El talento de Obregón para la política y los asuntos de poder era notable. Tenía una gran memoria y un extraordinario carisma. Con su llegada al poder en 1920, fue el primer gobernante que intentó ordenar los efectos de la revolución mexicana y los desastres políticos que ésta implicó, aunque no lo logró a la manera de Plutarco Elías Calles, de quien hablaremos posteriormente.

Dicen los que saben que a Obregón se le reconoce por haber sido el primer presidente en promover la cultura como elemento de progreso nacional. En su periodo de gobierno se crea la Secretaría de Educación Pública, con José Vasconcelos a la cabeza.

Fue entonces cuando se llevaron a cabo campañas de alfabetización, se crearon escuelas y bibliotecas y el gobierno se involucró con poetas e intelectuales extranjeros. El equilibrio y estabilidad del poder presidencial fue una de las misiones que se impuso el propio Obregón, dar el paso del estado político revolucionario hacia la consolidación de un nuevo sistema.

Obregón tuvo necesidad de generar una base social que diera respaldo a su gobierno. Para ello fue creada la Confederación Regional Obrera Mexicana (CROM), bajo la iniciativa del propio gobierno obregonista.

Álvaro Obregón también fue un cruel perseguidor de la Iglesia Católica y de sus iniciativas. Quizá en buena parte esto se explica a partir de su filiación masónica y a las relaciones de poder que mantuvo con sus miembros. No obstante, dejemos a los hechos hablar.

El 6 de febrero de 1921 estalló un cartucho de dinamita en la puerta de la casa del Arzobispo de México, el Obispo José Mora del Río, cuando éste no se encontraba en el lugar. Aunque Obregón atribuyó el ataque a los socialistas –de quienes Mora del Río se había expresado en días previos–, lo cierto es que la CROM fue quien gestó y ejecutó el ataque.

El 1 de mayo del mismo año un grupo de socialistas se manifestó afuera de la Catedral de Guadalajara, se subieron a las torres del edificio y colgaron la bandera bolchevique, misma que fue retirada por jóvenes de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM).

En otro episodio, la Liga Anticlerical Mexicana protestó ante el anuncio del obispo de León, Emeterio Valverde, en el que aseguró la construcción de un monumento a Cristo Rey en Silao, Guanajuato. El delegado apostólico en México, Ernesto Filippi, bendijo la primera piedra del monumento, por lo que fue acusado por aquel organismo de haber violado la Constitución vigente.

El gobierno de Obregón no quiso dirimir el asunto, por lo que la resolución fue clara y contundente: monseñor Filippi debía abandonar el territorio nacional. Aunque El Vaticano gestionó la permanencia del obispo en tierras mexicanas, la orden se dio y fue irreversible.

El 14 de noviembre de 1921, un hombre acudió a la Basílica de Guadalupe. Llevaba en sus manos un arreglo de flores que puso frente al ayate de Juan Diego y en él quedó plasmada la imagen de la Virgen del Tepeyac. Momentos más tarde ocurrió una ensordecedora explosión. La bomba no hizo ningún daño a la imagen, aunque sí a un crucifijo que ahí se encontraba, mismo que quedó doblado por la explosión.

El padre Jesús García Gutiérrez cuenta que a Obregón se le escuchó decir varias veces que no descansaría hasta limpiar su caballo con la imagen de la Virgen de Guadalupe. El presidente fue asesinado en 1928 por José León Toral en el restaurante “La Bombilla”, en San Ángel.

El anticlericalismo de Obregón fue sólo un efecto de las batallas liberales que se dieron desde el México del siglo XIX y quizá fue la marca más notoria de su periodo de gobierno.



Jesús Caudillo



Francisco Martín Cipriano García Cantarines y Mateos. Párroco y Diputado

Nacido en la villa de Córdoba en 1767, Francisco Martín Cipriano García Cantarines y Mateos, según reza su partida de bautismo, siguió la carrera clerical clásica de su tiempo para alguien con una posición social más o menos acomodada. Y es que hacían falta recursos para estudiar fuera de su patria, en el Seminario de Puebla, y para obtener los títulos de la Real y Pontificia Universidad de México, que por entonces era la única que podía expedirlos. En ella obtuvo el bachillerato en Artes en 1790, que entonces era el título universitario más común entre los clérigos y el punto de partida para una verdadera carrera importante. Entró a la Facultad de Teología, donde se tituló bachiller en 1793, licenciado y doctor en 1797, según los registros de la Universidad. Como muchos clérigos de entonces permaneció algún tiempo impartiendo cursos en el seminario de Puebla o asistiendo como sinodal a exámenes universitarios.
Clérigo pues con estudios universitarios, pasó luego a servir curatos ya en los primeros años del siglo XIX. La guerra de 1810 lo sorprendió siendo párroco de Zacatlán, donde adquirió celebridad por su empeñada lealtad a la causa realista en un pueblo que se convirtió en cuartel de los insurgentes en la sierra poblana. Combatió enérgicamente a los insurgentes desde el púlpito, e incluso llegó a negarles los sacramentos, particularmente el matrimonio, y logró mantener contacto con las autoridades realistas llegando a proponer que fuera la Inquisición la que juzgase a los "infidentes", con lo que convertía literalmente a la insurgencia en delito contra la fe. Sin embargo, si nos atenemos a testimonios como los de Carlos María de Bustamante, que lo conoció entonces, se diría que los insurgentes lo reconocían como un enemigo leal, e incluso respetable sobre todo visto su empeño en atender a sus feligreses durante la epidemia de 1813. Por todo ello, podría decirse que el doctor Cantarines era entonces un párroco modelo: fiel al rey, servicial con sus feligreses (a los que no abandonó ni por la guerra ni por la epidemia) y leal también a la jurisdicción eclesiástica.
Sin embargo, como muchos otros párrocos de la época, no fue inmune a los cambios que se venían sucediendo y al realista intransigente de principios de la década de 1810 le sucederá un liberal moderado a principios de 1820. El doctor Cantarines pasó de párroco a diputado en 1821 cuando fue electo para las Cortes españolas por la provincia de Oaxaca. Mas no llegó a embarcarse, pues permaneció en Veracruz, involucrado según parece en los planes que algunos diputados fraguaban de proclamar la independencia e instalarse como congreso en la ciudad porteña. Casi sin solución de continuidad pasó de representante en las Cortes monárquicas a diputado del primero Congreso constituyente de México una vez consumada la independencia, y más tarde diputado constituyente de Veracruz por su natal Córdoba en 1824.
Aunque incluso obras recientes sobre el primer federalismo veracruzano suelen olvidar su nombre, o bien lo secularizan post mortem (aparece a veces como doctor en medicina y no como doctor en teología), su labor en el Constituyente fue muy importante. Incluso se ganó elogios de la prensa como un "promotor del progreso". En efecto trabajó mucho por consolidar la nueva soberanía estatal, paradójicamente incluso ante la jurisdicción eclesiástica. Él era presidente del Congreso cuando éste aprobó que los diezmos otrora de la Corona española eran a partir de entonces propiedad del Estado, y fue parte de los que impulsaron la intervención civil en la provisión de beneficios eclesiásticos bajo la forma del derecho de exclusiva, a pesar de las protestas del obispo de Puebla, Antonio Joaquín Pérez. Su relación con éste, por cierto, no fue precisamente buena de ahí en adelante.
Ironías de la vida, el asunto de la exclusiva lo afectó a él personalmente cuando optó por permutar su curato de Zacatlán por otro en territorio veracruzano, el de Orizaba. Llegó ahí a mediados de 1825, cordialmente recibido por el ayuntamiento, que incluso insistió en acelerar todo lo posible los trámites de su llegada apenas se supo de dicha permuta. También la prensa de la época se congratuló del arribo de un hombre de "caridad bien ordenada", capaz sin duda de promover "las semillas fecundas de la prosperidad y de la riqueza" de la villa orizabeña.
Y hay que decir que correspondió a las expectativas: reconociendo la igualdad de derechos de todos los ciudadanos, puso bajo contrato a los ahora llamados "indígenas" al servicio de la parroquia en sustitución de los antiguos servicios personales gratuitos; asimismo, cuando se planteó la posibilidad de abrir un convento de monjas carmelitas en Orizaba sugirió que se les pidiese que se dedicaran a la enseñanza de niñas para encontrarles algún destino de "utilidad". Apreciado por el jefe político local, Vicente de Segura, quien decía de él que era "un eclesiástico benemérito por su opinión [y de] patriotismo bien conocido".
Por supuesto, su liberalismo no simpatizaba a todo mundo. El propio Vicente de Segura denunció que los franciscanos del Colegio Apostólico de San José de Gracia de Orizaba no tenían en ningún aprecio al párroco, e inclusive lo manifestaban públicamente en el púlpito. Opositores firmes del liberalismo, los religiosos encuadraban al clérigo en el marco que mejor conocían: para ellos no era sino un "hereje jansenista".
Hereje o no, el doctor Cantarines fue también parte de las disputas entre los grupos políticos locales. Llegó a ser criticado por la prensa radical, ligada a la masonería de rito de York (los yorkinos), que lo acusaba de ser un "promotor de la discordia" por haber lanzado críticas desde el púlpito contra sus representantes en Orizaba. Se le identificaba como un hombre del partido opuesto, el de los escoceses, que en una nueva paradoja, estaba integrado en Orizaba en buena medida por antiguos insurgentes. Su nombre fue mencionado en el intento de pronunciamiento de estos últimos a principios de 1828, pero no llegó a ser procesado. En cambio, no pasó mucho tiempo antes de que abandonara Veracruz para obtener una canonjía en la catedral de Oaxaca.
Sobre esa última etapa de su vida tenemos pocos datos, pero lo que más resalta es que ocupara la rectoría del Instituto de Ciencias y Artes de ese estado en una época en que tuvo entre sus alumnos a algunos de los futuros liberales de mediados del siglo XIX, el más célebre, Benito Juárez.
Realista, liberal, escocés, hombre de carrera clerical (que culminaría bien con el título de obispo de Hippos en 1845) y política, el doctor García Cantarines ilustra bien las ambigüedades de esa generación de principios del siglo XIX.



historiareligiosademexico


1872 Murió en la ciudad de México, Benito Juárez, abogado y político mexicano de origen zapoteca, presidente de México en varias ocasiones, fue proclamado "Benemérito de las Américas" por su defensa de las libertades humanas que sirvió de ejemplo a otros países latinoamericanos. 
Benito Juárez vivió una de las épocas más importantes de México, considerada por muchos historiadores como la consolidación de la nación como República. 
Juárez marcó un parteaguas en la historia nacional, siendo protagonista de primer nivel de esta época. Su biografía durante los años que ocupó la presidencia es casi en su totalidad también la historia de México. Benito fue ferviente en la práctica masónica. Su nombre se conserva con veneración en muchos ritos.
Muchas logias masónicas y cuerpos filosóficos ateos lo han adoptado como un símbolo sagrado.


Jaime Nunó

1908 Murió en Nueva York Jaime Nunó, compositor español que musicalizó las estrofas de Francisco González Bocanegra para dar origen al Himno Nacional Mexicano. Nunó murió en Auburndale, Bayside, Nueva York, sus restos fueron trasladados a territorio mexicano hasta el año de 1942, y fueron colocados en una urna al lado de los de Bocanegra en la Rotonda de las Personas Ilustres.





martes, 13 de julio de 2010

Querían Controlar Nuestra Independencia

Título: Querían Controlar Nuestra Independencia
Autor: Salvador Borrego E.
Extracto del libro “América Peligra”, 23ª Edición, Enero de 2008, pp. 101-104, transcripción parcial de la sección “Querían controlar nuestra Independencia”

Muertos Hidalgo y Allende, la insurrección quedó casi dominada. Pero poco a poco surgió con innatas dotes de caudillo militar, el cura José María Morelos, que desplegó una gran actividad hasta 1815. Llegó a mover más de 12,000 hombres y realizó prodigios de esfuerzo frente a un enemigo tres veces superior en número y además superior en disciplina y armas. Morelos repudiaba nuestra vinculación oficial con el invasor francés de España y decía que el francés “pretende corromper nuestra religión” (manifiesto de noviembre de 1812). El virreinato podía llegar a uncirnos con el hermano de Napoleón que sojuzgaba a España.

Morelos rehuyó el extraño consejo de arruinar al país con la "guerra total". Quería que el campesino tuviera tierras propias; se negó a reconocer ninguna otra religión que no fuera la católica; no quiso comprometer territorio nacional y no llegó a recibir ayuda de los agentes extranjeros que se decían tan amigos de México.



El núcleo de la insurrección seguían siendo los clérigos y había tantos en las filas insurgentes que el Virrey decretó (junio 25, 1812) que éstos quedaban bajo la jurisdicción militar y que serían ejecutados sumariamente, sin previa degradación eclesiástica. La simpatía de los sacerdotes por la causa insurgente se debía a que consideraban que el país prosperaría más siendo independiente y a que juzgaban dañino que México llegara a recibir la influencia del invasor francés que gobernaba España. Este sentimiento se agudizó en 1812 cuando las logias de España, aliadas del invasor extranjero, proclamaron una nueva Constitución, que fue también jurada en México (5 de octubre del mismo año) y en su memoria se le dio al Zócalo el nombre oficial de Plaza de la Constitución. En ese momento el virreinato de México comenzaba a ser influido con las ideas del poder masónico-francés que invadía a España.

Eso explica que seis mil de los ocho mil sacerdotes que habían en la Nueva España no quisieran que ésta siguiera atada al carro de una España cautiva del extranjero, y en forma abierta o discreta alentaban el movimiento de independencia. Este era, pues, un esfuerzo nacionalista, en el que nada tenían que ver las logias, aunque luego han pretendido atribuírselo. Su participación consistía en tratar de influir ese movimiento, prometiéndole apoyo, con la mira secreta de controlarlo.

Así fue como deslizaron cerca de Morelos a un tal David y a un tal Tabares, y como sugirieron el ‘Plan de Tierra Quemada’, que dijeron que Morelos firmó, pero que ciertamente él nunca aceptó, ni permitió se aplicara. Por el contrario, lo contradijo en todas sus proclamas y con sus actos. Ese extraño plan era dañino para el futuro de México; implicaba la guerra total y consistía en lanzar a los indios contra los blancos y en “destruir todas las obras de presas, acueductos, caseríos, y demás oficinas de los hacendados pudientes, criollos o gachupines, Estas propias medidas deben ser contra las minas, destruyendo sus obras y las haciendas de metales sin dejar rastro. La misma diligencia se practicará con los ingenios de azúcar.”

El plan era terrorista y conducía al debilitamiento del país que estaba por nacer, destruyendo sus centros de trabajo y enfrentando a los indígenas contra los criollos y mestizos.

Inicialmente Morelos tuvo tratos con los agentes extranjeros Tabares y David, quienes junto con una tal Mayo promovieron que se alentara a los indios al saqueo, al despojo de tierras y al asesinato de los blancos, según el plan de guerra total. Pero en ese momento Morelos los desautorizó, salió en su persecución, los capturó y los fusiló en Chilapa.

Esa es la mejor prueba de que Morelos no estaba de acuerdo con el extraño plan de ‘Tierra Quemada’, que años más tarde un tal Juan Martiñena [o Juan Martín Juanmartiñena] hizo circular atribuyéndoselo al Caudillo, y que en 1924 fue exhumado en el Senado con el título de “Las Ideas Sociales del Generalísimo”. De ese plan se pretende ahora deducir capciosamente que Morelos quería la supresión de la propiedad agrícola y la creación de algo así como los ejidos comunales, cosa absolutamente falsa, pues en la Constitución que promovió y firmó establece la “propiedad y la libertad” y que “todos los individuos de la sociedad tienen derecho a adquirir propiedades” y a “disponer de ellas a su arbitrio”.

El mencionado plan, sin fecha ni lugar de expedición, fue contradicho por todos los actos del Caudillo, quien ni confiscó la propiedad privada, ni destruyó centros de trabajo ni persiguió a los criollos o españoles, y en su proclama del 13 de octubre de 1811 dijo: “… no hay motivo para que las que se llamaban castas quieran destruirse unos con otros, los blancos contra los negros, o éstos contra los naturales, pues sería el yerro mayor… Que no siendo como no es nuestro sistema proceder contra los ricos criollos, ninguno se atreverá a echar mano de sus bienes por muy rico que sea; por ser contra todo derecho semejante acción, principalmente contra la ley Divina que nos prohíbe hurtar”. Al capturar Tehuacán ordenó que en un plazo de tres horas se arcabuceara “a todo soldado que cometa un robo”. (“Morelos” por Ezequiel A. Chávez)

El extraño documento de guerra total no figuró en las deliberaciones del Congreso convocado por Morelos, ni lo tomaron en cuenta los realistas en el proceso, y aun el mismo Calleja se abstuvo de atribuírselo al Caudillo y sencillamente escribió que era engendro de alguna “cabeza infernal”. El único que se lo atribuyó posteriormente fue Juan Martiñena, y la historia oficial exhumó el embuste en 1924, a iniciativa del senador Pedro de Alba.

En un hecho que durante las campañas de Morelos las logias de Filadelfia y de Nueva Orleans enviaban agentes a ofrecer ayuda para la lucha de independencia, pero evidentemente sólo la daban a quienes fueran prestándose, consciente o inconscientemente, a ciertos planes internacionales. Morelos decretó la independencia de México, formó el primer Congreso y la primera Constitución. Y no obstante eso, no recibió ayuda de los extranjeros presuntamente enamorados de la independencia mexicana. Del extranjero vino a verlo un tal general Robinson, pero de su visita no se derivó ninguna ayuda, y es que Morelos seguía firme en sus creencias, como lo demostró en la primera Constitución, en Chilpancingo, al estipular que no se reconocería “otra religión más que la católica, apostólica y romana.” En el propio congreso de Chilpancingo se aprobó el restablecimiento de los jesuitas. Y después de capturar Acapulco el 9 de junio de 1813, Morelos declaró en un banquete: “Brindo por España; ¡Viva España!, pero hermana y no dominadora de América”.

Por otra parte, nombró plenipotenciario suyo en Estados Unidos a José Manuel de Herrera, quien dio el grado de general mexicano al agente francés Aury, antiguo pirata, y habló de ceder a Norteamérica el Estado de Texas, a cambio de armas, pero Morelos no llegó a formalizar ningún compromiso sobre el particular. Por el contrario, el 17 de febrero de 1813 escribía desde Yangüitán, al mariscal Ayala, que deseaba abrir comunicación con los angloamericanos, pero que “será puramente de comercio, a feria de grano y otros efectos, por fusiles…”

Y el hecho es que Morelos no llegó a recibir ayuda de los agentes masones que se fingían tan amigos de México. Aunque muy capaz al mando de tropas y en la conducción de operaciones militares, como lo demostró en el rompimiento del sitio de Cuautla –de 72 días-, Morelos careció de medios económicos y de armas y cayó prisonero.

Su brillante carrera terminó ante un pelotón de ejecución en San Cristóbal Ecatepec, el 22 de diciembre de 1815. Según cómputo de los realistas, con Morelos iban ya fusilados 125 sacerdotes insurgentes.




Tomado de:
bibliaytradicion.wordpress.com