María Ignacia Xaviera Rafaela Agustina Feliciana Rodríguez de Velasco Osorio Barba Jiménez Bello de Pereyra Fernández de Córdoba Salas Solano y Garfias (1778-1851) tenía veinticinco años cuando visita México el ilustre investigador Alexander Von Humboldt (1769-1859), quien ha programado un amplio recorrido para conocer la fauna, la flora y los minerales de estas tierras. En especial se interesa por el cultivo de la cochinilla, aquel gusanito grisáceo que se desarrolla en las pencas del nopal y que se utiliza seco para colorear alimentos.La amorosa joven cautiva con su plática, con su gracia y simpatía. Debemos imaginar aquellas tertulias de la casa de la calle de los Plateros, donde la "Güera Rodríguez" hacía gala de extravagante hospitalidad para recibir y atender a sus invitados que se extasiaban con el caudal de cultura que emanaba de sus labios, con la inteligencia de sus respuestas sinceras a través de una mirada serena y alegre. La caída de sus bucles dorados, realzaban aquellos inolvidables ojos azules que destacaban ante la delicadeza de las facciones de su rostro. Era tan bella que alguna vez sirvió de modelo para esculpir y pintar a la misma Virgen María.
En una coqueta mesilla, cuyo mantel cae formando olanes de finísimo encaje de Brujas, ofrece el té, ahora tan de moda en la sociedad mexicana y, desde luego, el tradicional chocolate espumado de tres tantos. Entre sorbo y sorbo de las delgadas tazas de porcelana, degustan galletas de nata, enrejados de chocolate, huesitos de manteca, besos de merengue, polvorones de almendra y tortaditas de Santa Clara.
Después, brinda con ratafía quiditativa o elixir de los Dioses, o con aquellas otras pócimas celestiales que guardan las limpias botellas de cristal cortado como la crema de perfecto amor, hecha con destilados de violetas; la crema de Venus, donde la vainilla se mezcla con claveles, clavo, canela y naranja; el aguardiente de andaya, hecha con raíz de lirio de Florencia y cáscaras de naranja, los licores de damiana, el destilado de rosas, el espíritu de anís, los caldos de frutas o espíritus de aromas delicados como los de guayaba, moras o membrillos.








