martes, 28 de septiembre de 2010
Escudos de México. Toponimia
Está conformado por un águila real devorando a una serpiente sobre un nopal en el centro de un lago. Representa la señal que los Aztecas, procedentes de Aztlán buscaban en su migración hacia el sur para fundar una nueva ciudad. Existen varias interpretaciones sobre el significado místico de esta representación del pueblo azteca que dominó el centro del territorio del país hasta la conquista por parte de los españoles. Dos ramas con frutos, de encino a izquierda y laurel a derecha, enlazadas con un listón tricolor, verde, blanco y rojo, que rodean al escudo, representan el Martirio y la Victoria de quienes han dado su vida por la patria mexicana.
AGUSTÍN DE ITURBIDE. Juicios de la Historia
¿Cuál fue la primera reacción del pueblo, de la Nación, de sus mismos enemigos? El hecho, el parricidio, el crimen, permitido por Dios, estaba consumado...
Comenzando por los sencillos y sorprendidos vecinos de Padilla, se mostraron consternados y perplejos por no comprender las las razones que movieron al Congreso a condenar tan rápidamente y sin apelación ninguna al hombre por el cual ellos y toda la Nación eran libres.
Almas piadosas sobre todo de mujeres, se ofrecieron a lavar las heridas del cadáver, lo amortajaron con el hábito de San Francisco y con buena asistencia del pueblo lo velaron toda la noche. Al día siguiente, 290 de Julio, se le dio cristiana sepultura. Los restos gloriosos del ex-Emperador permanecieron allí hasta 1838.
En cuanto a la reacción en los pueblos y ciudades de la Nación fue de profundo dolor y sentimiento, pues no podían menos de llorar la trágica e injusta muerte del que les había conquistado la libertad, sobre todo cuando fueron sabiendo la verdad sobre el decreto y los adjuntos del parricidio. En la capital fue mayor el asombro y más profundo el dolor, pues no podían concebir que hubiera muerto tan injusta y trágicamente el hombre que hacía poco más de un año ceñía todavía la Corona de un Imperio que él había liberado, y lo que más los llenaba de pena y de vergüenza era que mexicanos que se proclamaban representantes del pueblo eran los causantes, los autores de semejante crimen.
Por eso en el mismo Congreso -escribe Zamacois- "el dolor se retrató en el semblante de todos los diputados, y no hubo uno de ellos que no lamentase la desgracia de un hombre a quien la Patria le era deudora del bien supremo de la Independencia"
Carlos María Bustamante, de cuyos labios había salido la propuesta del infame decreto de muerte, se disculpaba diciendo que era "solo para atemorizar"... Es indudable que de todos, o de la mayor parte, se apoderó un lacerante remordimiento por sentirse culpables de la "MANCHA MAYOR DE NUESTRA HISTORIA".
martes, 14 de septiembre de 2010
El imperio de Huitzilopochtli. Segunda Parte HISTORIA RELIGIÓN MÉXICO
Esa era la escena, tan sangrienta y repugnante que, al decir de Schlarman, si la Reina Isabel la hubiese contemplado "se hubiese desmayado de espanto".
"Pero Dios N.S., en el tiempo fijado por su misericordia iba a poner fin a tantas atrocidades, con un golpe maestro de su diestra y que había de repercutir en todos los tiempos, como testimonio de amor preferente para con todos los reinos del Anáhuac"
En el plan armónico de la historia todos los hechos tienen un oculto sentido que después resplandece. Fue necesario el hundimiento de Grecia y el surgir magnífico del pueblo romano; fue preciso el poderío avasallador de su imperio dando unidad al mundo y articulando sus partes dislocadas en un solo organismo jurídico, para que el acontecimiento central de la historia humana, el advenimiento de Cristo, se produjera en el mundo en condiciones de centelleante propagación. Los acontecimientos más sublimes generados por la voluntad de Dios, enlazan maravillosamente lo divino y lo humano, el orden natural y la realidad sobrenatural.
"En America ocurría lo mismo. Están dispuestos ya los elementos humanos. Un pueblo de Anáhuac que ignora su destino. Una raza cristiana que rebasa los mares. Un capitán denodado con la espada en la diestra y la Cruz en el pecho. El mundo expectante..., presiente algo grandioso... El drama empieza..., y la Madre de Dios, la Virgen María, sabe que el momento solemne se acerca de ganar para sí el corazón entero de un pueblo que es el objeto mismo del drama".
Fue así como, por especial designio de Dios Todopoderoso, llegó para estos sufridos pueblos del México Precortesiano el ansiado día de su liberación.
Desde tierras de Oriente, tal y como siglos antes lo profetizara el bondadoso Quetzalcóatl, llegaron hombres blancos y barbados dispuestos a implantar toda una era de paz, progreso, dulzura y amor.
Era voluntad de Dios que el mal fuese vencido, que el demonio fuese desterrado y que la dulce doctrina de Nuestro Señor Jesucristo arraigase en los corazones del noble pueblo mexicano.Una de las escenas más impresionantes y significativas de la Conquista de México se desarrolla cuando Cortés -armado con una barreta de hierro- subió al Gran Teocalli, golpeó con ella entre los ojos al feroz Huitzilopochtli y, en pocos minutos, el ídolo demoníaco rodaba por el suelo hecho pedazos.
El Bien - representado por la Fe de Cristo- cuyo brazo armado en esos momentos era Hernán Cortés contra el Mal -personificado por el brutal Huitzilopochtli-, el cual en esos momentos se arrastraba destrozado por las gradas del Cu, al igual que Luzbel cuando cayó vencido a los pies del Arcángel San Miguel.
Y Cortés -de rodillas- con lágrimas de alegría en los ojos y con un Crucifijo en mano exclamó en voz alta:
"Infinitas alabanzas te sean dadas Dios verdadero, el los siglos de los siglos, porque has permitido que al cabo de tantos años que el demonio con la abominación de sus errores, tiranizaba estas incógnitas naciones, asentado en este trono, le haya por nuestras indignas y débiles fuerzas desterrado a los abismos donde mora"
A partir de ese momento se cerró un doloroso capítulo de la historia de nuestra patria y empezó a forjarse la verdadera nación mexicana.
Que bien encuadran aquí aquellas sonoras frases del ilustre historiador don Alfonso de Trueba:
"No nos cabe duda de que el demonio, el real, el auténtico demonio, había tomado posesión de los mexicanos, los había embrutecido y puesto a su servicio.¡Glorioso el día en que apareció la Cruz y puso en fuga a la legión satánica!Entonces el indio mexicano, este indio apacible y manso, fue rescatado de las garras del Malígno y pudo al fin tener un día de paz"
domingo, 12 de septiembre de 2010
Hidalgo es excomulgado por rebelde, hereje y por haber iniciado la lucha de independencia
24 de Septiembre de 1810
Abad y Queipo, obispo electo de Michoacán, excomulga a Hidalgo por rebelde, hereje y por haber iniciado la lucha de independencia.
“Sea condenado Miguel Hidalgo y Costilla, en dondequiera que esté, en la casa o en el campo, en el camino o en las veredas, en los bosques o en el agua, y aún en la iglesia. Que sea maldito en la vida o en la muerte, en el comer o en el beber; en el ayuno o en la sed, en el dormir, en la vigilia y andando, estando de pie o sentado; estando acostado o andando, mingiendo o cantando, y en toda sangría. Que sea maldito en su pelo, que sea maldito en su cerebro, que sea maldito en la corona de su cabeza y en sus sienes; en su frente y en sus oídos, en sus cejas y en sus mejillas, en sus quijadas y en sus narices, en sus dientes anteriores y en sus molares, en sus labios y en su garganta, en sus hombros y en sus muñecas, en sus brazos, en sus manos y en sus dedos. Que sea condenado en su boca, en su pecho y en su corazón y en todas las vísceras de su cuerpo. Que sea condenado en sus venas y en sus muslos, en sus caderas, en sus rodillas, en sus piernas, pies y en las uñas de sus pies. Que sea maldito en todas las junturas y articulaciones de su cuerpo, desde arriba de su cabeza hasta la planta de su pie; que no haya nada bueno en él. Que el hijo del Dios viviente, con toda la gloria de su majestad, lo maldiga. Y que el cielo, con todos los poderes que en él se mueven, se levanten contra él”.
Meses más tarde, Hidalgo, ya en prisión, será degradado del sacerdocio –para poder ser enjuiciado como reo común y poder aplicarle la pena capital- el 29 de julio de 1811 en una de las salas del Hospital Real de Chihuahua. Además de la pena en sí misma, era una gran injuria a sus sentimientos religiosos -por demás humillante-, y le será raspada la piel de la cabeza, le arrancarán la yema de los pulgares e índices de las manos que habían sido consagradas el día de la ordenación. Hecho esto, será entregado a las autoridades civiles y militares del gobierno español para que sea fusilado sin alguna prerrogativa o beneficio eclesiásticos, que amparan a cualquier reo.
| MEMORIA POLÍTICA DE MÉXICO. |
El imperio de Huitzilopochtli. Primera Parte . HISTORIA RELIGIÓN MÉXICO
A fines del Siglo XV el Océano Atlántico se llamaba Mar Tenebroso, considerado como algo misterioso e impenetrable.
Tras el horizonte en el que se veía morir el sol día a día, se ocultaban profundos misterios para los europeos de la Edad Media. Misterios que atraían, e interesaban y provocaban a los buscadores de aventuras. Pero un denso velo ocultaba celosamente a un mundo nuevo y fantástico.
Eran aquellos los años en que el navegante Cristóbal Colón recorría los caminos de Europa tratando de convencer a los monarcas de que era posible llegar hasta el Lejano Oriente navegando hacia Occidente. Eran los años en que los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel, estrechaban el cerco del Reino Moro de Granada para poner fin a la Reconquista.
Muy lejos de España-a miles de kilómetros y meses de navegación-en una ciudad rodeada por lagos y que por fondo tenía dos majestuosos volcanes, ocurría algo impresionante.En el fatídico año de 1487, en Tenochtitlán, el rey Ahuízotl se disponía a inaugurar un bárbaro templo gigantesco en honor a Huitzilopochtli, el siniestro dios de la guerra. En su construcción habían trabajado durante cuatro años millares de indios esclavos. Y también durante esos cuatro años guerreó Ahuízotl contra muchos pueblos vecinos con un definido propósito: Capturar prisioneros para sacrificarlos en el estreno del colosal matadero.
Y llegó el gran día.
El alto y descubierto templo se le dedicó al sanguinario ídolo: los prisioneros capturados -cuyo número excedía los 68,000- fueron ordenados en cuatro filas que llegaban al pie de las gradas del alto cu, viniendo de los cuatro distinto puntos cardinales. Al final de cada fila había un sacrificadero.Fueron subiendo las víctimas hacia los mataderos. Allí cuatro ministros sujetaban al prisionero por sus brazos y los pies, otro le aseguraba la cabeza, un topiltzin o sacerdote descargaba sobre el pecho un golpe con el cuchillo de pedernal, le sacaba el corazón, lo ofrecía al sol, y -aún palpitante- lo arrojaba a los pies del implacable Huitzilopochtli o lo colocaba en sus abiertas fauces.
A continuación se arrojaba el cadáver escaleras abajo para que se lo disputaran bravamente muchas gentes del pueblo Azteca hasta lograr cortar algún pedazo y comérselo en el acto, aunque fuese crudo. La sangre corrió a raudales desde lo alto del artificial montículo. Los sacerdotes recogían alguna con jícaras, para untar con ella las paredes, los ídolos y sus propios rostros y cabellos. El hedor que se extendió por toda la ciudad era insoportable.
Cuatro días duró esa terrible carnicería, desde que el sol salía hasta que se metía y, según doctos historiadores murieron en tan horrenda ceremonia 80,000 hombres.
"Éste fue el acto más culminante de barbarie no sólo en la historia mexicana, sino en la Historia Universal"
Y ese fue solo el comienzo, ya que una vez inaugurado el gran matadero, no había mes en que -con un pretexto o con otro- no se repitieran tan dantescas escenas. Se calcula que unas 20,000 personas perdía la vida anualmente para medio satisfacer el cruelísimo dios de la guerra.
El atribulado pueblo Azteca gemía día y noche bajo tan infernal tiranía y no hallaba manera de liberarse de su tétrico destino. Ese era el siniestro misterio que el Océano Atlántico ocultaba celosamente a los ojos de la cristiandad europea de fines del medioevo.
Tras el horizonte en el que se veía morir el sol día a día, se ocultaban profundos misterios para los europeos de la Edad Media. Misterios que atraían, e interesaban y provocaban a los buscadores de aventuras. Pero un denso velo ocultaba celosamente a un mundo nuevo y fantástico.
Eran aquellos los años en que el navegante Cristóbal Colón recorría los caminos de Europa tratando de convencer a los monarcas de que era posible llegar hasta el Lejano Oriente navegando hacia Occidente. Eran los años en que los Reyes Católicos, Don Fernando y Doña Isabel, estrechaban el cerco del Reino Moro de Granada para poner fin a la Reconquista.
Muy lejos de España-a miles de kilómetros y meses de navegación-en una ciudad rodeada por lagos y que por fondo tenía dos majestuosos volcanes, ocurría algo impresionante.En el fatídico año de 1487, en Tenochtitlán, el rey Ahuízotl se disponía a inaugurar un bárbaro templo gigantesco en honor a Huitzilopochtli, el siniestro dios de la guerra. En su construcción habían trabajado durante cuatro años millares de indios esclavos. Y también durante esos cuatro años guerreó Ahuízotl contra muchos pueblos vecinos con un definido propósito: Capturar prisioneros para sacrificarlos en el estreno del colosal matadero.
Y llegó el gran día.
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| Los sacrificios humanos en honor a Huitzilopochtli tenían todas las características de un culto satánico. |
A continuación se arrojaba el cadáver escaleras abajo para que se lo disputaran bravamente muchas gentes del pueblo Azteca hasta lograr cortar algún pedazo y comérselo en el acto, aunque fuese crudo. La sangre corrió a raudales desde lo alto del artificial montículo. Los sacerdotes recogían alguna con jícaras, para untar con ella las paredes, los ídolos y sus propios rostros y cabellos. El hedor que se extendió por toda la ciudad era insoportable.
Cuatro días duró esa terrible carnicería, desde que el sol salía hasta que se metía y, según doctos historiadores murieron en tan horrenda ceremonia 80,000 hombres.
"Éste fue el acto más culminante de barbarie no sólo en la historia mexicana, sino en la Historia Universal"
Y ese fue solo el comienzo, ya que una vez inaugurado el gran matadero, no había mes en que -con un pretexto o con otro- no se repitieran tan dantescas escenas. Se calcula que unas 20,000 personas perdía la vida anualmente para medio satisfacer el cruelísimo dios de la guerra.
El atribulado pueblo Azteca gemía día y noche bajo tan infernal tiranía y no hallaba manera de liberarse de su tétrico destino. Ese era el siniestro misterio que el Océano Atlántico ocultaba celosamente a los ojos de la cristiandad europea de fines del medioevo.
lunes, 6 de septiembre de 2010
Un Héroe no reconocido
Este mes de septiembre de 2010 se cumplen 189 años del nacimiento de la Nación Mexicana, nació con la conciliación de todas las fuerzas que existían en la Nueva España; que la Revolución internacional anticristiana iniciada en 1810 había destruido en once años de guerra fraticida. Revolución ideada y sostenida desde el extranjero por las logias angloamericanas y francesas unidas, para destrozar las posesiones americanas del Imperio Español.
El 27 de septiembre de 1821, por medio del Plan de las Tres Garantías y el Tratado de Córdoba: bajo el lema: INDEPENDENCIA (de cualquiera otra nación), RELIGIÓN (católica, apostólica y romana) Y UNIÓN (de todas las clases sociales); para todos los habitantes que poblaban el extensísimo territorio que entregó la Antigua España al naciente IMPERIO MEXICANO CATÓLICO.
En esa fecha se acababa la guerra revolucionaria y se instauraba un nuevo orden que de haber fructificado hubiera hecho de la nueva nación, la primera potencia del continente americano.
México nació como Monarquía Católica cuyo ideal era el reinado de Cristo sobre la tierra. Así la concibió el hombre que supo unir a los contrarios en un naciente nacionalismo mexicano apoyado en nuestra civilización hispánica.
El 18 de mayo de 1822, el ejército con el pueblo de la ciudad de México, pidió el trono para AGUSTÍN I, mismo que le reconoció la Junta Provisional Gubernativa el 21de julio de ese año. Agustín y su esposa Ana María fueron coronados en la Catedral estando presentes varios Obispos.
Pero las logias masónicas internacionales tenían otro plan. Se estorbó su gobierno y fue traicionado por todos aquellos que hacía poco lo habían vitoreado. Ese naciente Imperio Católico perdió, a los diez meses de instaurado, la oportunidad de desarrollarse en una potencia como sucesora del Imperio Católico Español.
Las fuerzas enemigas del pueblo mexicano, tanto extranjeras como nativas, asesinaron a esta criatura desde su cuna por el delito de querer gobernarse de acuerdo a la religión y cultura de sus propios habitantes.
El 19 de julio de 1824 después de haber desembarcado en la costa de Tamaulipas procedente de Europa, Iturbide, fue reconocido, puesto preso y acribillado a balazos sin juicio alguno. Por el único delito de querer gobernar a México siguiendo la Doctrina de Cristo Rey.
Actualmente sus restos están en la Capilla de San Felipe de Jesús de la Catedral Metropolitana en la ciudad de México.
No olvidemos al verdadero PADRE DE LA PATRIA MEXICANA, honremos al HÉROE que derramó su sangre gritando ¡Viva Cristo!
DON AGUSTÍN DE ITURBIDE Y ARÁMBURU.
Colaboración de:
Luis G. Pérez de León R.
El 27 de septiembre de 1821, por medio del Plan de las Tres Garantías y el Tratado de Córdoba: bajo el lema: INDEPENDENCIA (de cualquiera otra nación), RELIGIÓN (católica, apostólica y romana) Y UNIÓN (de todas las clases sociales); para todos los habitantes que poblaban el extensísimo territorio que entregó la Antigua España al naciente IMPERIO MEXICANO CATÓLICO.
En esa fecha se acababa la guerra revolucionaria y se instauraba un nuevo orden que de haber fructificado hubiera hecho de la nueva nación, la primera potencia del continente americano.
México nació como Monarquía Católica cuyo ideal era el reinado de Cristo sobre la tierra. Así la concibió el hombre que supo unir a los contrarios en un naciente nacionalismo mexicano apoyado en nuestra civilización hispánica.
El 18 de mayo de 1822, el ejército con el pueblo de la ciudad de México, pidió el trono para AGUSTÍN I, mismo que le reconoció la Junta Provisional Gubernativa el 21de julio de ese año. Agustín y su esposa Ana María fueron coronados en la Catedral estando presentes varios Obispos.
Pero las logias masónicas internacionales tenían otro plan. Se estorbó su gobierno y fue traicionado por todos aquellos que hacía poco lo habían vitoreado. Ese naciente Imperio Católico perdió, a los diez meses de instaurado, la oportunidad de desarrollarse en una potencia como sucesora del Imperio Católico Español.
Las fuerzas enemigas del pueblo mexicano, tanto extranjeras como nativas, asesinaron a esta criatura desde su cuna por el delito de querer gobernarse de acuerdo a la religión y cultura de sus propios habitantes.
El 19 de julio de 1824 después de haber desembarcado en la costa de Tamaulipas procedente de Europa, Iturbide, fue reconocido, puesto preso y acribillado a balazos sin juicio alguno. Por el único delito de querer gobernar a México siguiendo la Doctrina de Cristo Rey.
Actualmente sus restos están en la Capilla de San Felipe de Jesús de la Catedral Metropolitana en la ciudad de México.
No olvidemos al verdadero PADRE DE LA PATRIA MEXICANA, honremos al HÉROE que derramó su sangre gritando ¡Viva Cristo!
DON AGUSTÍN DE ITURBIDE Y ARÁMBURU.
Colaboración de:
Luis G. Pérez de León R.
sábado, 28 de agosto de 2010
Tratado de Guadalupe Hidalgo México-EEUU
California, Arizona, Nevada, Utah, parte de Colorado, Nuevo México y Wyoming costaron en suma a Estados Unidos, en 1848, 15 millones de pesos. Luego de la Guerra de Intervención estadounidense, un total de 2 millones 378 mil 539 kilómetros cuadrados pertenecientes a México fueron cedidos para alcanzar la paz y permitir a este país reestablecer el orden constitucional, levantar el bloqueo de sus puertos y liberar los lugares capturados por las tropas de ocupación norteamericanas.
Más de 100 mil mexicanos pasaron a ser extranjeros en su propia tierra mediante la firma del Tratado de Guadalupe Hidalgo, el 2 de febrero de 1848, que pondría punto final a las incursiones que Estados Unidos llevaba a cabo en México. No obstante, la trampa ya estaba pensada y fríamente calculada sobre el articulado que componía dicho tratado.
Reemplazos, modificaciones e incluso supresiones de importantes apartados oscurecieron el ya turbio espíritu inicial del Tratado de Guadalupe Hidalgo, concebido erróneamente como la condición necesaria para devolver a un pueblo condiciones que le eran inherentes.
El afán expansionista de EEUU fue la principal causa de la Guerra de Intervención estadounidense y ésta, a su vez, fue el origen del otorgamiento de tierras al titán del norte mediante mecanismos que, bajo el subterfugio de un acuerdo ideado para la compensación por daños causados a México durante los enfrentamientos, despojaron de vastos territorios a un país profundamente desgastado.
Varios fueron los factores que devinieron en la pérdida de 2 millones de kilómetros cuadrados a cambio de un monto que jamás podría equivaler a tal adquisición. Entre ellos, la ignorada advertencia de México de que la anexión de Texas por parte de Estados Unidos -primer atropello territorial del que se cumplen 164 años- sería considerada como un acto de guerra. Este preaviso no detuvo las pretensiones de conquista del país del norte, que se valió de las aspiraciones independentistas de los texanos para iniciar un proceso de invasión que no culminó hasta materializarse.
No obstante, un segundo factor fue crucial para que esto fuera posible: la complaciente actitud del presidente de México en aquel entonces, Antonio López de Santa Anna, quien no fue piedra de tranca para los estadounidenses sino que, por el contrario, facilitó el proceso.
Tratado de cartón
Antes de ser plenamente ratificado, el Tratado de Guadalupe Hidalgo sufrió modificaciones importantes en los artículos IX y X, además de cambios menores pero significativos en otros apartados.
El artículo IX del tratado original fue reemplazado por uno enteramente nuevo. Así, en vez de que los mexicanos conservasen por un año sus derechos civiles en los territorios vendidos y de establecer su igualdad con los otros habitantes de los Estados Unidos de América, el nuevo artículo permitía que el Congreso norteamericano, a discreción, los admitiera como ciudadanos de ese país.
El artículo X, que garantizaba la conservación intacta de todas las concesiones de tierra hechas por el Gobierno mexicano, fue suprimido y no reemplazado, siendo ésta una de las enmiendas más deshonestas respecto a lo que inicialmente se había estipulado. Mientras, en el artículo XI se eliminó la restricción de venta de armas de fuego a las tribus indígenas en el territorio cedido, contemplada como uno de los compromisos asumidos originalmente por Estados Unidos.
En el artículo XII se suprimió la elección de la forma de pago de la compensación que debía recibir México por la pérdida de territorio (los 15 millones de pesos) al tiempo que desapareció un artículo adicional y secreto del tratado, establecido originalmente para aplicarse sólo si la ratificación del mismo tomase más de cuatro meses en efectuarse, caso en el que se permitirían cuatro meses adicionales.
Complicidad en casa
La dinámica mediante la cual parte del territorio mexicano fue adquirido por Estados Unidos deja en evidencia un juego sucio bidireccional, en el que la pretensión de la nación del norte fue un estímulo que halló fácil respuesta en la persona de Antonio López de Santa Anna, cuyo proceder posibilitó, en un primer momento, las acciones invasoras norteamericanas y, más adelante, la compra de las tierras.
En marzo de 1845, cuando el Congreso norteamericano votó por la anexión de Texas, México suspendió relaciones con la Unión Americana y con Francia y, poco tiempo después, se precipitó la guerra con Estados Unidos. Santa Anna, quien vivía exiliado en Cuba, regresa asumiendo posición de liderazgo pero tomando decisiones que significaron la derrota de México.
Durante la Batalla de Angostura, en Coahuila, Santa Anna resulta triunfante; no obstante, se retira sin tomar prisioneros y sin el armamento enemigo. Frente a esa respuesta, EEUU preparó una nueva incursión, esta vez a mayor escala, en el puerto de Veracruz.
Los historiadores aseguran que la resistencia ante el ataque no fue significativa, mientras que las ciudades de Jalapa y Puebla fueron ocupadas sin que los invasores dispararan una sola bala.
Por su parte, el clero -que según los relatos se articuló sin chistar al plan imperial- había recibido la garantía de parte de los agentes norteamericanos de que sus propiedades y privilegios no serían revocados. En consecuencia, el pueblo fue arengado para que aceptara sumiso tal invasión.
EEUU fue por más
La extensión territorial adquirida por Estados Unidos con el Tratado de Guadalupe Hidalgo fue, al parecer, insuficiente para saciar la sed colonialista de Estados Unidos, ya que sólo cinco años después, el 30 de diciembre de 1853, se firmó el Tratado de La Mesilla.
En 1853, Santa Anna, quien había renunciado a su cargo y se había marchado al exilio huyendo nuevamente de la caótica situación en que había dejado a México, es renombrado presidente. Fortalecido e inmune a las críticas de sus adversarios, instituye una medida para obtener dinero rápido y vende un nuevo trozo de territorio: La Mesilla.
En este nuevo plan de compra-venta, mejor conocido en Estados Unidos como “compra Gadsden” por su principal promotor, el general James Gadsden, se acordó con el gobierno de México la adquisición de 76,845 kilómetros cuadrados adicionales de terreno a cambio de 10 millones de pesos, lo cual modificaba el Tratado de Guadalupe Hidalgo.
Esta vez las ambiciones de Estados Unidos tampoco fueron satisfechas al ciento por ciento, dado que Gadsden pretendía adquirir no sólo esta región sino la totalidad de los estados de Chihuahua y Sonora, así como la Baja California. Además, el ejército norteamericano se preparaba para una eventual guerra en el caso de que México respondiera negativamente.
De nuevo la complaciente postura del presidente pintó la escena para que los estadounidenses lograran su objetivo, ya que, pese a que esta nueva venta hizo altamente impopular a Santa Anna, los 10 millones de pesos serían utilizados por el general en su beneficio y el séquito que le rodeaba; al tiempo que le permitían mantener plenos poderes por unos años más.
La activación de estos mecanismos, que tuvieron su origen en la firma del Tratado Guadalupe Hidalgo, hacen que parte de lo que hoy los mapas identifican como territorio estadounidense sea, en realidad, tierra mexicana.
La estafa, camuflada en documentos aparentemente legales que luego fueron violados y manipulados al antojo de la nación del norte, cumple 161 años.
martes, 24 de agosto de 2010
sábado, 21 de agosto de 2010
Andrés de Tapia
Nacido en León, o quizá en Medellín en 1496. Tendría 24 años cuando pasó al Nuevo Mundo.
"Era de la color el rostro algo ceniciento y no muy alegre, y de buen cuerpo, y de poca barba y rala, y fue buen capitán así a pie como a caballo" (Bernal Díaz del Castillo).
Fué paje de Diego Colón en Sevilla y por su sugerencia pasó a Santiago en 1518. Como ya había partido la expedición comandada por Hernán Cortés, Diego Velázquez lo envió a unirse a dicha expedición, con el objeto de tener hombres de su confianza, por lo que se dirigió a La Habana y se une a Cortés.
Estuvo en la elección de Cortés como Capitán General, y supo ganarse su respeto en todas las batallas demostrando gran valentía y coraje, por lo que pronto se convirtió junto con Alvarado y Sandoval en uno de los capitanes de mas confianza para Cortés. Andrés de Tapia estuvo muy cercano a Cortés en gran parte de los episodios sucedidos en la conquista de Tenochtitlán, por lo que después realizó una Relación de los sucesos, como testigo de primera mano, Relación que posteriormente serviría a muchos cronistas para hacer la reconstrucción de lo sucedido en la conquista.
Entre 1519 y 1520, Tapia se dirigió al Pánuco, en donde obtuvo repartimientos, y parece haber sido uno de los que, disfrazados de indios, fueron a espiar a Cempoala la expedición de Pánfilo de Narváez, donde escucho: "Narváez dezía que venyan a soltar a Montezuma e darle la tierra, e a matar al dicho don Hernando e a todos los españoles que con el estavan porque eran malos e ladrones". Y también escuchó a uno de los amigos de Narváez: "uno se dezía delante del dicho Narbáez de cortar las orejas al dicho don Hernando e comersela una d´ella".
Una vez que Cortés hubo derrotado a Narváez, envió a Andres de Tapia a Tenochtitlán a comunicar a Moctezuma que Cortés regresaba y "que rrogaba questoviese muy alebre e bien con el, como syempre avía estado con el, quel no tenya henojo alguno e quel rrogaba mucho
que saliese a ver como venya que venyan todos de rregozijo". Posteriormente estuvo muy cerca de Cortés durante el episodio de la Noche Triste, y uno de sus soldados, Cristóbal de Olea incluso salvó al futuro Marqués del Valle de caer en manos mexicas a costa de su propia vida. Pedro Zamorano recuerda este hecho en 1561:
Andrés de Tapia tuvo tres hijos y una hija con Isabel de Sosa. Escribió en 1539 una relación de los sucesos de la conquista de México, hasta la derrota de Narváez, y aunque esta relación nunca fué publicada, parece haber sido utilizada por Gómara y Cervantes de Salazar. Esta relación se encontró en Madrid en 1859, donde permanece en la Real Academia de Historia, bajo la colección Muñoz.
BIBLIOGRAFÍA.
Martínez, J. L. 1991. Hernán Cortés. Fondo de Cultura Económica-UNAM. México 1009 pp.
Thomas, H. 2000. Who´s who of the Conquistadors. Cassel & Co. Londres. 444 pp.
"Era de la color el rostro algo ceniciento y no muy alegre, y de buen cuerpo, y de poca barba y rala, y fue buen capitán así a pie como a caballo" (Bernal Díaz del Castillo).
Fué paje de Diego Colón en Sevilla y por su sugerencia pasó a Santiago en 1518. Como ya había partido la expedición comandada por Hernán Cortés, Diego Velázquez lo envió a unirse a dicha expedición, con el objeto de tener hombres de su confianza, por lo que se dirigió a La Habana y se une a Cortés.
Estuvo en la elección de Cortés como Capitán General, y supo ganarse su respeto en todas las batallas demostrando gran valentía y coraje, por lo que pronto se convirtió junto con Alvarado y Sandoval en uno de los capitanes de mas confianza para Cortés. Andrés de Tapia estuvo muy cercano a Cortés en gran parte de los episodios sucedidos en la conquista de Tenochtitlán, por lo que después realizó una Relación de los sucesos, como testigo de primera mano, Relación que posteriormente serviría a muchos cronistas para hacer la reconstrucción de lo sucedido en la conquista.
Entre 1519 y 1520, Tapia se dirigió al Pánuco, en donde obtuvo repartimientos, y parece haber sido uno de los que, disfrazados de indios, fueron a espiar a Cempoala la expedición de Pánfilo de Narváez, donde escucho: "Narváez dezía que venyan a soltar a Montezuma e darle la tierra, e a matar al dicho don Hernando e a todos los españoles que con el estavan porque eran malos e ladrones". Y también escuchó a uno de los amigos de Narváez: "uno se dezía delante del dicho Narbáez de cortar las orejas al dicho don Hernando e comersela una d´ella".
Una vez que Cortés hubo derrotado a Narváez, envió a Andres de Tapia a Tenochtitlán a comunicar a Moctezuma que Cortés regresaba y "que rrogaba questoviese muy alebre e bien con el, como syempre avía estado con el, quel no tenya henojo alguno e quel rrogaba mucho
que saliese a ver como venya que venyan todos de rregozijo". Posteriormente estuvo muy cerca de Cortés durante el episodio de la Noche Triste, y uno de sus soldados, Cristóbal de Olea incluso salvó al futuro Marqués del Valle de caer en manos mexicas a costa de su propia vida. Pedro Zamorano recuerda este hecho en 1561:
"Andrés de Tapia hizo un recuentro que vino el marqués junto a esta cibdad de Mexico, en una calzada pequeña que se nombra agora la Calzada de San Martín... vido este testigo que los naturales pusyeron e tanto peligro e trabajo al marqués... y a su capitanía que hera de gentiles hombres y sobresalientes, donde yba este testigo, que si no fuera por el dicho Andrés de Tapia y su gente llevaran los naturales el dicho marqués, porquel socorro llegó al tiempo que hizo tan gran fruto que se llevaron un soldado que se dezía Olea, que estaba en la capitanía del dicho capitán Andrés de Tapia, e por su buen socorro e buena industrya no llevaron al dicho marqués, e con todo esto perdieron cuarenta y cinco hombres los españoles que los naturales sacrificaron aquel día en el qu de Uchilobos en el Tlatelulco".Hacia 1526, Tapia se convertía en alguacil mayor y regidor de México. En 1528 se dirigió con Cortés a España, regresando en 1529, convirtiéndole Cortés en su mayordomo, justicia mayor y contador. En la expedición de Cortés a California, Andrés de Tapia fué nombrado Maestre de Campo. Después volvió a acompañar a Cortés a España. En 1550 fué nombrado alcalde, y en 1560-61 muere pobre, aunque con muchas encomiendas.
Andrés de Tapia tuvo tres hijos y una hija con Isabel de Sosa. Escribió en 1539 una relación de los sucesos de la conquista de México, hasta la derrota de Narváez, y aunque esta relación nunca fué publicada, parece haber sido utilizada por Gómara y Cervantes de Salazar. Esta relación se encontró en Madrid en 1859, donde permanece en la Real Academia de Historia, bajo la colección Muñoz.
BIBLIOGRAFÍA.
Martínez, J. L. 1991. Hernán Cortés. Fondo de Cultura Económica-UNAM. México 1009 pp.
Thomas, H. 2000. Who´s who of the Conquistadors. Cassel & Co. Londres. 444 pp.
jueves, 12 de agosto de 2010
CONSAGRACIÓN DE MÉXICO A CRISTO REY
Hay actos benéficos y asombrosos que las autoridades, tanto eclesiásticas como civiles, que en el momento determinado por Dios, en las circunstancias más difíciles y contrarias, se han llevado a cabo. Aún teniendo en contra a los enemigos más poderosos de la Religión Católica.
Uno de esos raros actos fue la Consagración de nuestro país a Cristo Rey en el aciago año de 1914. Entre el inicio de la mayor revolución social sufrida por México, planeada, azuzada y sostenida por los Estados Unidos de América con la complicidad de las sectas masónicas mexicanas y angloamericanas, apoyadas por el poderío militar de esta potencia, ya plenamente preparada para intervenir en la Primera Guerra Mundial.
El plan secreto era imponer al pueblo mexicano la anarquía, previa a la introducción experimental del Nuevo Orden Mundial; el Comunismo.
La destrucción de la Religión Católica, de toda autoridad civil, de toda la riqueza material acumulada en 30 años de precaria paz porfiriana, así como el robo a los particulares de sus capitales, uniformando a todos en las doctrinas socialistas ateas.
México había sido escogido por la cúpula plutocrática de los EE.UU. para servir de experimento a lo que después, en 1917, fuera aplicado en Rusia por los bolcheviques y en España entre 1933 y 1939 con la llamada Guerra Civil, que produjo, como en México, un millón de muertos. Estas revoluciones y prácticamente todas, desde la Revolución protestante del siglo XVI hasta las guerras del Medio Oriente, pasando por las devastadoras del sudeste asiático, han sido ejecutadas por los agentes del Anticristo.
El plan del presidente Woodrow Wilson y de su rapaz camarilla estaba completo y acabado, solamente esperaba una coyuntura para arrojarse sobre México y expulsar del gobierno al General Victoriano Huerta que insistía, junto a sus consejeros, en no doblegarse ante la prepotencia yanqui;
El eminente historiador don Pedro Sánchez Ruiz en la pag. 765 del segundo tomo de su obra: Nacimiento, grandeza, decadencia y ruina de la nación mejicana” escribe:
Previamente, el Episcopado Mejicano había acordado que el 6 de enero de 1914 se hiciera una solemne renovación de la Consagración de Méjico al Sagrado Corazón de Jesús, en señal de reparación, sumisión y humilde vasallaje. Los generales don Ángel Ortiz Monasterio y don Eduardo Paz, en uniforme de gran gala, llevaron en regios cojines de seda la Corona y el Cetro que el Ilmo, Arzobispo de Méjico don José María Mora y del Río, pondría a los pies de Jesucristo Rey.
Fue natural que el presidente de Méjico, general Victoriano Huerta, quien públicamente había proclamado su fe en Jesucristo en pleno recinto parlamentario, en un acto en que actuaba con su investidura oficial y que se había negado a ingresar a la masonería y además combatía a la revolución satánica; haya enviado a dos de sus divisionarios al acto solemne en la iglesia de San Francisco el 6 de enero de 1914.
El siguiente 11 de enero de 1914 el la Catedral Metropolitana y reunidos los poderes, religioso, político y social así como con manifestaciones de júbilo en toda la nación, se coronó a Cristo Rey de México proclamando Su realeza temporal.
Las fuerzas enemigas de nuestro país, tanto las interiores; masones, liberales y revolucionarios de toda laya, como las exteriores representadas por sus cómplices los gobiernos yanquis arremetieron a los pocos meses su plan de destrucción de la civilización católica. Después de seis meses de heroica resistencia con la primera potencia mundial y sus agentes los revolucionarios malos mexicanos, el general Huerta presentó su renuncia en 15 de julio de 1914. Viniendo, entonces lo peor; los jefes aparentes de la revolución Carranza, Villa y Zapata, siempre asesorados por los yanquis se dedicaron a la destrucción de la religión católica, la riqueza y la civilización en México.
Por supuesto, que la historia oficial masónica, cumpliendo con la consigna de no escribir la verdad, ha deformado los hechos de esos años (1913-1914). Ha silenciado de tal manera esa gesta de los católicos de entonces que las nuevas generaciones no se han enterado muy bien que nuestro país ha sido consagrado y puesto a los pies de Cristo Rey. Que Jesucristo nos sostiene, sobre la sangre de tantos mártires de la Revolución y de la Guerra Cristera de los años veinte.
Y el presidente que apoyó con toda la fuerza de su fe católica, la Consagración a Cristo Rey y la primera Ermita en el cerro del Cubilete, ha sido infamado con todos los defectos que esa historia oficial es capaz de arrojar sobre quienes odia por no plegarse a sus designios.
Luis G. Pérez de León
BIBLIOGRAFÍA:
Es poca la información que se tiene de esos años, falta mucho por escribir porque casi ningún libro de historia la consigna, solamente escasas revistas y diarios de enero y febrero de 1914 dan cuenta, así como historiadores vetados por nuestros gobiernos.
Don Antonio Gibaja y Patrón; “Comentario a las Revoluciones Sociales de México” 5 tomos, editorial “Tradición”, año 1973.
Don Francisco Regis Planchet; “La cuestión religiosa en México” 1 tomo, editorial Moderna, Guadalajara año 1957.
Don Pedro Sánchez Ruiz; “Nacimiento, Grandeza. Decadencia y Ruina de la nación mejicana” 2 tomos, editorial “Honor y fidelidad”, año 2005.
Uno de esos raros actos fue la Consagración de nuestro país a Cristo Rey en el aciago año de 1914. Entre el inicio de la mayor revolución social sufrida por México, planeada, azuzada y sostenida por los Estados Unidos de América con la complicidad de las sectas masónicas mexicanas y angloamericanas, apoyadas por el poderío militar de esta potencia, ya plenamente preparada para intervenir en la Primera Guerra Mundial.
El plan secreto era imponer al pueblo mexicano la anarquía, previa a la introducción experimental del Nuevo Orden Mundial; el Comunismo.
La destrucción de la Religión Católica, de toda autoridad civil, de toda la riqueza material acumulada en 30 años de precaria paz porfiriana, así como el robo a los particulares de sus capitales, uniformando a todos en las doctrinas socialistas ateas.
México había sido escogido por la cúpula plutocrática de los EE.UU. para servir de experimento a lo que después, en 1917, fuera aplicado en Rusia por los bolcheviques y en España entre 1933 y 1939 con la llamada Guerra Civil, que produjo, como en México, un millón de muertos. Estas revoluciones y prácticamente todas, desde la Revolución protestante del siglo XVI hasta las guerras del Medio Oriente, pasando por las devastadoras del sudeste asiático, han sido ejecutadas por los agentes del Anticristo.
El plan del presidente Woodrow Wilson y de su rapaz camarilla estaba completo y acabado, solamente esperaba una coyuntura para arrojarse sobre México y expulsar del gobierno al General Victoriano Huerta que insistía, junto a sus consejeros, en no doblegarse ante la prepotencia yanqui;
El eminente historiador don Pedro Sánchez Ruiz en la pag. 765 del segundo tomo de su obra: Nacimiento, grandeza, decadencia y ruina de la nación mejicana” escribe:
“Cuando desde los cuatro puntos cardinales irrumpían las hordas constitucionalistas que amenazaban no solo con la destrucción material de la Patria, sino con la destrucción de su misma identidad nacional, surgió una sorprendente reacción de la adormecida sociedad, proclamando públicamente, en tumultuosas manifestaciones en la Capital y principales ciudades la Realeza temporal de Cristo en México, lanzando a los cuatro vientos el entusiasta y unánime grito de ¡Cristo vive!, ¡Cristo reina!, Cristo impera! Como repudio al laicismo liberal y socialista revolucionario.”
En el editorial del diario La Nación del mes de enero de 1914 apareció este llamado el pueblo católico:
“Es necesario proclamar a Jesucristo por nuestro Rey, públicamente. Y esto lo haremos en imponente manifestación, Os convidamos, católicos mejicanos, a que forméis parte de la gran manifestación pública que se prepara en nombre de Dios y para Su honra. Acudid todos con banderas, y sobre todo con valor. Sepa el mundo que no nos avergonzamos de Dios, y que lo tenemos por nuestro Dios; la paz, el bienestar, la honra volverán a reinar en este pueblo escogido, en este pueblo todo de la Virgen María”
Previamente, el Episcopado Mejicano había acordado que el 6 de enero de 1914 se hiciera una solemne renovación de la Consagración de Méjico al Sagrado Corazón de Jesús, en señal de reparación, sumisión y humilde vasallaje. Los generales don Ángel Ortiz Monasterio y don Eduardo Paz, en uniforme de gran gala, llevaron en regios cojines de seda la Corona y el Cetro que el Ilmo, Arzobispo de Méjico don José María Mora y del Río, pondría a los pies de Jesucristo Rey.
Fue natural que el presidente de Méjico, general Victoriano Huerta, quien públicamente había proclamado su fe en Jesucristo en pleno recinto parlamentario, en un acto en que actuaba con su investidura oficial y que se había negado a ingresar a la masonería y además combatía a la revolución satánica; haya enviado a dos de sus divisionarios al acto solemne en la iglesia de San Francisco el 6 de enero de 1914.
El siguiente 11 de enero de 1914 el la Catedral Metropolitana y reunidos los poderes, religioso, político y social así como con manifestaciones de júbilo en toda la nación, se coronó a Cristo Rey de México proclamando Su realeza temporal.
Las fuerzas enemigas de nuestro país, tanto las interiores; masones, liberales y revolucionarios de toda laya, como las exteriores representadas por sus cómplices los gobiernos yanquis arremetieron a los pocos meses su plan de destrucción de la civilización católica. Después de seis meses de heroica resistencia con la primera potencia mundial y sus agentes los revolucionarios malos mexicanos, el general Huerta presentó su renuncia en 15 de julio de 1914. Viniendo, entonces lo peor; los jefes aparentes de la revolución Carranza, Villa y Zapata, siempre asesorados por los yanquis se dedicaron a la destrucción de la religión católica, la riqueza y la civilización en México.
Por supuesto, que la historia oficial masónica, cumpliendo con la consigna de no escribir la verdad, ha deformado los hechos de esos años (1913-1914). Ha silenciado de tal manera esa gesta de los católicos de entonces que las nuevas generaciones no se han enterado muy bien que nuestro país ha sido consagrado y puesto a los pies de Cristo Rey. Que Jesucristo nos sostiene, sobre la sangre de tantos mártires de la Revolución y de la Guerra Cristera de los años veinte.
Y el presidente que apoyó con toda la fuerza de su fe católica, la Consagración a Cristo Rey y la primera Ermita en el cerro del Cubilete, ha sido infamado con todos los defectos que esa historia oficial es capaz de arrojar sobre quienes odia por no plegarse a sus designios.
Luis G. Pérez de León
BIBLIOGRAFÍA:
Es poca la información que se tiene de esos años, falta mucho por escribir porque casi ningún libro de historia la consigna, solamente escasas revistas y diarios de enero y febrero de 1914 dan cuenta, así como historiadores vetados por nuestros gobiernos.
Don Antonio Gibaja y Patrón; “Comentario a las Revoluciones Sociales de México” 5 tomos, editorial “Tradición”, año 1973.
Don Francisco Regis Planchet; “La cuestión religiosa en México” 1 tomo, editorial Moderna, Guadalajara año 1957.
Don Pedro Sánchez Ruiz; “Nacimiento, Grandeza. Decadencia y Ruina de la nación mejicana” 2 tomos, editorial “Honor y fidelidad”, año 2005.
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